Por más que su impresionante experiencia política le haya proporcionado la habilidad de apartarse a tiempo del centro de la escena, como jefa indiscutible del kirchnerismo, Cristina Fernández no puede dejar de lado, a la hora de la autocrítica, considerar que fue la máxima responsable de la durísima derrota electoral que sufrió el Frente para la Victoria en la Capital Federal. Desde lo político interesa menos analizar cuáles fueron los eventuales méritos de gestión de Mauricio Macri para ganar, que los motivos por los que el FPV porteño se fue al precipicio de la mano presidencial y, sobre todo, sus consecuencias: si habrá contagio a nivel nacional, si seguirán triunfando los oficialismos o imaginar cómo reaccionarán los caudillos peronistas a la hora de conducir a sus votantes en agosto y octubre.
La responsabilidad de Cristina resulta patente, no sólo porque entre bambalinas condujo el proceso, eligió al candidato, impuso a los legisladores y diagramó la campaña, sino porque mayoritariamente el distrito capitalino le dio la espalda al modelo que ella pregona, un proyecto que está conformado no sólo por un poderoso costado económico-social que mucho le ha dado a los porteños (subsidios de tarifas, compra en cuotas, etcétera), sino también por la falta de seguridad y las deformaciones institucionales o del estilo K de confrontación permanente y de manipulación del discurso que en esta ocasión parece que sí les ha importado a los ciudadanos. Pero más allá del crítico aspecto de las responsabilidades, tras los casi 20 puntos de diferencia, el kirchnerismo en su conjunto quedó colgado de las cuerdas y en situación de "no contest", durante 72 horas. Aún, muchos protagonistas siguen deambulando por el ring, mareados y a la espera de una toalla salvadora. Hasta hace pocas horas, por ejemplo, se prometía desde el FPV para este fin de semana un documento de 10 puntos destinado a enamorar a los ciudadanos, aunque parece que ha quedado demorado para "dentro de unos días", probablemente sujeto a las encuestas que se han mandado a hacer para ver si la segunda vuelta da 60/40 ó 70/30 a favor del PRO.
En ese afán presidencial de estar en todo, se creía en Olivos que un resultado de segunda vuelta con más de 40 % podía ser la excusa para decir que ése era el apoyo de la ciudad a Cristina, un piso excelente para seguir vendiendo el "ya ganamos" para octubre. Pero con media docena de puntos por encima del resultado anterior, ese argumento se desmoronaría, de allí que se quiera saber de verdad cómo puede reaccionar la gente, antes de otra catástrofe.
Haber sacado apenas 14 % de los votos de manera directa, frente a 47 % de Macri, sorprendió hasta la exasperación a los candidatos oficialistas, pero sobre todo a la Presidenta y a su entorno, quienes estaban empalagados con los caramelos dulces que les hicieron tragar la pléyade de encuestadores que viven a costillas del erario público: "Ocho, 10 puntos de diferencia a lo sumo y se gana al trotecito en la segunda vuelta", auguraban. A la comprobación de la estafa estadística, que no había captado lo que iba a ser la decisión del electorado de adelantar el segundo turno electoral, le siguió la nota de ?Fito? Páez, para colmo en un medio que no pudo ser acusado de pertenecer a la "corpo" antioficiall. No fue una operación mediática, sino la expresión del sangrar por la herida, emparentada con una dura ofensa a las mayorías, lo que terminó de desacomodar el escenario.
Tuvo razón el ministro de Trabajo y candidato a vicejefe, Carlos Tomada, cuando dijo que nadie como el peronismo padeció tanto el "asco" de sus enemigos, desde aquella primera categorización despectiva de "aluvión zoológico" que los libros de Educación Democrática de la Revolución Libertadora sugerían que había sido algo así como "el avance de los negros para meter las patas en la fuente". Para contrarrestar esa catarata de discriminación e insultos, el saber popular acuñó un término que derivó de un popular programa de radio de los años ?50 destinado a calificar a quienes despreciaban ideológicamente no sólo la voluntad de las mayorías, sino sus ilusiones, formas y figuras: "Gorilas".
Pues bien, con una opinión tan jugada, ?Fito? Páez se ha desnudado como un gorila hecho y derecho, metido en una movida política que cada día tiene menos de peronismo. Ese sentimiento de bronca y de desprecio por la decisión popular, es el mismo que tuvo con sus cánticos en la noche del domingo el kirchnerismo de La Cámpora, al hacerle al aguante a Daniel Filmus.
A 100 días de los comicios de octubre, estos números bien locales y la presunción de que las próximas elecciones provinciales de Santa Fe y Córdoba también dejarán perdidosos a los ?K?, no sirven solos para sacar conclusiones. Por ahora, a partir de encuestas más serias, la Presidenta estará obteniendo a nivel nacional más de 45 % de los votos, con preeminencia de la provincia de Buenos Aires que le aportaría unos 16/18 puntos del total. Otro tanto estaría recogiendo en el NOA, el NEA y la Patagonia y el resto se conformaría con ciudadanos que, habiendo votando a otra fuerza en las elecciones locales, como en la Capital a Macri, podrían acompañarla en la búsqueda de la reelección. Son votos cruzados que los encuestadores no tienen en claro aún para dónde se dispararán. Sin embargo, lo que ocurrió alrededor de la elección porteña, puertas para adentro del peronismo podría haber sido una ?Caja de Pandora? de imprevisibles consecuencias para el FPV, tanto que hasta podría desatar la venganza de muchos intendentes del conurbano, potenciada por la bronca que hay en el sindicalismo moyanista.
Hasta ahora, Daniel Scioli lleva una holgada ventaja y su arrastre le otorga suficiente plafond a la Presidenta, pero nadie da dos centavos por lo que pueda ocurrir hacia adelante. La encuesta de Poliarquía que marca 55 % de intención de voto al gobernador fue efectuada antes de la elección porteña y no considera ninguna de sus consecuencias.
"Si esto sigue así, muchos intendentes van a entregar las boletas con una tijera al lado", sugirió una fuente bonaerense que conoce el territorio como la palma de su mano. Se refería específicamente a la campaña que los muchachos de La Cámpora han encarado en muchos distritos para desbancar a los caudillos del PJ tradicional, muchas veces acompañados por el candidato a vicegobernador, Gabriel Mariotto.
Los tropiezos para el oficialismo no finalizaron con la paliza electoral, sino que los planetas de adentro y de afuera se conjuraron para generarle más efecto dominó:
a) las declaraciones de funcionarios en contra de Macri, en línea con el desprecio de ?Fito? Páez y a contramano de lo que necesita Filmus para intentar la patriada del 31 de julio. El último, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, quien dijo que el jefe de Gobierno porteño "reivindica la dictadura".
b) la imposición de un episodio de censura impulsado por allegados a Guillermo Moreno, con la clausura de dos kioscos en el Mercado Central, por vender "Clarín", "Olé" y "Muy". En el caso, no sólo se verificó un ataque a la libertad de expresión, sino que se coartó el derecho a la información.
c) el discurso crítico de la Presidenta contra las calificadoras de crédito ("qué gilada!") y el aval a los gobiernos que las acallan, en el mismo momento en que también Moreno quiere iniciar una querella penal para meter preso a otro economista que mide precios diferentes a las cifras que difunde Indec.
d) a la negación de la inflación se le sumó la desmentida de que hay 40.000 vehículos parados en la frontera por los problemas con Brasil y la desatención, en boca del ministro de Economía y candidato a vicepresidente, Amado Boudou, de la evidente falta de combustibles que se siente en todo el país.
e) la aparición de Hebe de Bonafini en la Plaza de Mayo destratando a los obreros de la construcción que protestaban por sus salarios, el giro de fondos oficiales para pagarles y la aparición de Sergio Shocklender, casi como en una vendetta, quien involucró a pleno a las Madres como responsables de la operación.
f) la manipulación gubernamental del caso de los hermanos Noble Herrera, como un segundo golpe a la política de derechos humanos, que los Kirchner abrazaron, para algunos de modo forzado. Si por necesidades políticas se convirtió a una entidad humanitaria como Madres en empresa que manejaba dineros públicos sin rendición, el caso de los hijos adoptivos de la propietaria de Clarín tuvo, además de la pelea política, un costado inhumano y de juego morboso con los sentimientos de mucha gente, en primera instancia con las dos víctimas de la situación.
Con este desgaste, la oposición sabe que tiene que lograr que Cristina baje del 40 % para forzar el balotaje, es decir hacerle perder los cinco o seis puntos que le harían ganar en primera vuelta, si ella consigue sacar más de 10 de diferencia al segundo. Creen que es posible lograrlo, más por los equívocos constantes que está cometiendo el Gobierno con sus personajes y acciones que por sus propios aciertos.
Además, está la carrera de agosto, el turno de las primarias que sería algo así como una encuesta abierta. En este punto, se escuchó la voz de Eduardo Duhalde quien dijo que podría salirse de la carrera si llegara de tercero para abajo, para impulsar al segundo. Ricardo Alfonsín no piensa lo mismo y quiere ver qué pasa, ya que los radicales creen que el FPV ganará la elección, pero sin tanta diferencia.